El Mundo

A dos años de la regularización: Cómo se vive en Uruguay el consumo de marihuana

Uruguay es el primer país de América Latina en implementar la ‘legalización’ de la marihuana. La ley, aprobada en diciembre de 2013 y reglamentada en mayo de 2014, prevé que los consumidores se inscriban en un registro de usuarios y puedan optar por una de las tres formas establecidas para acceder a la sustancia: el ‘autocultivo’, que permite un total de seis plantas por hogar y una recolección anual de 480 gramos; pertenecer a un club cannábico, de máximo 45 miembros, con un máximo de 99 plantas y de 10 gramos a la semana por persona; o comprar en farmacias, práctica que aún no se ha puesto en marcha. El presidente Tabaré Vázquez es un oncólogo cuya lucha antitabaco fue un sello durante su primera administración.

 

Los consumidores de marihuana de Uruguay han descubierto en este tiempo de legalización que fumar las plantas artesanales del autocultivo es una experiencia mucho más “fuerte” que el consumo de la sustancia en el mercado negro. “Con dos secas basta”, coinciden. Se terminaron las largas rondas fumando, la experiencia es ahora mucho más breve, con un sabor y aroma diferentes. Hasta tal punto que desde los sectores que propiciaron la despenalización se afirma que la distribución legal de 10 gramos semanales en farmacias podría ser excesiva si no se llevan a cabo campañas de información.

Desde septiembre de 2014, los clubes de marihuana son legales en Uruguay, así como el autocultivo para aquellos que cumplan con un sencillo trámite de registro en las oficinas de correos. Así, según datos oficiales, unas 3.000 personas hacen crecer legalmente en sus casas hasta seis plantas. Pero muchos otros lo siguen haciendo clandestinamente porque no se fían del registro o por pereza: se calcula que la cifra de consumidores en Uruguay ronda las 120.000 personas. El dato es informal, pero el Gobierno lo mencionó varias veces durante el debate parlamentario sobre la despenalización.

A falta de una inscripción masiva en el registro, lo que sí parece generalizarse es la preferencia por la marihuana artesanal y el lento retroceso de la venta de la marihuana ilegal, el llamado prensado paraguayo, procedente del país vecino: una mezcla de cannabis con otras sustancias indeterminadas que incluyen productos químicos.

Pedro es consumidor asiduo, tiene varias plantas en su casa y por ahora no piensa regularizarlas: teme dejar su nombre en un registro. “Desde hace tiempo cultivo mi propia marihuana y ni se me pasa por la cabeza comprar en el mercado negro. Hace poco tuve que hacerlo porque estaba en el extranjero, pero luego me dolía la cabeza y tenía gusto a amoníaco en la boca”, explica. Otro consumidor, Álvaro Delgado Vivas, decidió formar parte de un club cannábico que actualmente cuenta con 45 miembros y cultiva unas 95 plantas, todo dentro de la legalidad. “Es fuerte, es mucho más psicoactiva, pero te deja mejor cuerpo”, explica refiriéndose a las plantas del autocultivo. “Tengo 26 años y hace tres dejé de consumir prensado paraguayo. A veces me toca ir a la cancha [al estadio] y hay gente que lo sigue fumando, porque el cogollo [artesanal] vale más caro. Dentro de lo que cabe es una novedad esto del cogollo, es otro mundo. En Montevideo se sigue consumiendo marihuana ilegal porque va a demorar un tiempo que se venda en las farmacias”, asegura.

Turismo

No sólo en Montevideo, la capital, huele a cannabis en las calles. Los balnearios del este registran un alto porcentaje de turistas que llegan a pasar el verano atraídos, entre otras cosas, por la “libertad” para consumir porro.

“No vinimos específicamente a fumar ‘maruja’, porque todo lo que es Uruguay nos llamó la atención y decidimos venir. El tema de la ‘maruja’ nos empujó, pero no hemos podido conseguirla fácil, excepto que alguien nos la dé”, dice en un precario español Bratt Williams, un joven alemán que lleva un mes en Cabo Polonio.

Terrenos del Estado

El gobierno uruguayo ha anunciado que dos empresas empezarán a cultivar cannabis en terrenos propiedad del Estado y que la sustancia llegará a las farmacias para su venta al público a mediados de 2016. Diego Pieri, sociólogo y miembro de la organización Proderechos, confirma que el consumidor uruguayo transita cada vez más entre el mercado legal y el ilegal. “La marihuana de calidad no está accesible al 100%, todavía falta la implementación de la venta en farmacias. Entonces mucha gente combina: fuma paraguayo cuando se queda sin flores. Eso lleva a darse cuenta de la diferencia de experiencia”.

Pieri asegura que el mercado negro se ha estancado mientras que la marihuana artesanal gana cada vez más adeptos. Un estudio de la Fundación Friedrich Ebert de Uruguay de mayo del 2015 muestra que el 39% de los consumidores de marihuana eligen ya las flores del cultivo artesanal.

Todos los días llegan a la Asociación de Estudios del Cannabis (AECU) adultos en busca de productos para aliviar sus dolores y “que se marchan con sus plantitas”, dice Laura Blanco, la presidenta. También llegan extranjeros. Según la ley, sólo los residentes pueden consumir y cultivar. Blanco afirma también que los 40 gramos mensuales autorizados por la ley son excesivos, y que el Gobierno debe hacer campañas de prevención e información.

1,1 dólares por gramo

Los consumidores reconocen que ha surgido un “mercado gris” que transita desde el autocultivo legal hasta algunos compradores. Así, el gramo de flor artesanal se estaría vendiendo a unos 80 pesos (unos 2,8 dólares) en esa “zona gris”.
Como comparación, el prensado paraguayo se estaría intercambiando mucho más barato, a unos 30 pesos (menos de 1,1 dólares). Y cuando la marihuana llegue a las farmacias, el precio será de menos de 1,1 dólares por gramo, según las autoridades.

Otros países latinoamericanos

Después de la decisión de Uruguay en 2013, la legalización de la marihuana ha comenzado a tener eco en América Latina. En octubre 2014, Chile se convirtió en el primer país de la región en permitir el cultivo marihuana con fines terapéuticos, aunque se la sigue considerando una droga dura. Un proyecto de ley busca despenalizar su cultivo para uso personal. En Colombia, el congreso debate un proyecto para su uso médico, que cuenta con el apoyo del presidente Juan Manuel Santos.

 

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